El talento asusta
Cuando Winston Churchill, aún joven, terminó de pronunciar su discurso de estreno en la Cámara de los Comunes, fue a preguntarle a un viejo parlamentario, amigo de su padre, qué había pensado de su primera actuación en esa asamblea de políticos. El viejo le puso la mano en el hombro y le dijo, en tono paternal:
Joven, cometió usted un gran error. Fue demasiado brillante en este su primer discurso en la Casa. Eso es imperdonable. Debía haber empezado un poco más en la sombra. Debía haber tartamudeado un poco. Con la inteligencia que demostró hoy, debe haber conquistado, como mínimo, unos treinta enemigos.
Ahí estaba una de las mejores lecciones que un viejo sabio pudo darle a alguien que se iniciaba en una carrera difícil. La mayor parte de las personas que ocupan cargos relevantes y que están relacionadas con el poder es mediocre y tiene un miedo imposible de disimular ante la inteligencia ajena. Si esto ocurre en Inglaterra, imaginen aquí en Brasil. No está de más recordar la famosa copla de António Aleixo:
Hay tantos burros mandando sobre hombres de inteligencia, que, a veces, me quedo pensando que la estupidez es una Ciencia.
antónio aleixo
Hay que admitir que, en términos generales, los mediocres son más obstinados en la conquista de posiciones. Saben ocupar los espacios vacíos que dejan los talentosos displicentes, quienes no demuestran apetito por el poder. Pero hay que considerar que esos mediocres oportunistas y ambiciosos tienen el hábito de proteger sus posiciones conquistadas con verdaderas murallas de granito, por donde los talentosos no logran pasar. Saben como nadie defender sus terrenos.
El talento asusta.
El consejo del viejo parlamentario al joven Winston Churchill, en la Cámara de los Comunes.
Las argollas
En todas las áreas encontramos esas fortalezas establecidas, las famosas argollas. Dentro de ese razonamiento, uno se ve obligado a admitir que una persona, a veces, necesita fingir ser tonta si quiere triunfar en la vida. Es un pecado hacerle sombra a alguien incluso en una conversación social.
Así como un grupo de señoras burguesas bien casadas boicotea automáticamente la entrada de una mujer joven y atractiva en su círculo social, por miedo a perder a sus maridos, también los mediocres se cierran como ostras ante la simple aparición de un joven talentoso que pueda amenazarlos. Conocen bien sus limitaciones, saben lo que les cuesta desempeñar tareas que los más dotados realizan con facilidad. Eso los irrita profundamente.
En definitiva, en la medida en que admiran la facilidad con que los más lúcidos resuelven problemas, los mediocres los rechazan para defenderse. Es una paradoja angustiante.
Desafortunadamente, hay que vivir según esas reglas absurdas que convierten la inteligencia en una especie de defecto ante la vida. Los más preparados y más inteligentes se ven obligados a VENDER sus ideas, incluso al costo de perder la autoría de ellas, o a adaptarlas a visiones mediocres, solo para saciar la sed de quienes tienen el poder de mandar pero no saben crear. En el modelo actual, esto se convierte en la única opción para el desarrollo y la continuidad de los proyectos de quienes están iniciando sus carreras.
Hoy en día, ser verdaderamente inteligente es, a veces, parecer tonto.
Puede parecer algo injusto, pero, en contrapartida, siendo humilde y sabiendo jugar el juego, se gana confianza y experiencia con el tiempo. Para quien es inteligente, eso no se pierde: será mucho más útil más adelante, cuando de manera natural irá evolucionando, ganará poder y podrá cambiar el rumbo de lo que hoy considera injusto.
conclusión
La paciencia sigue siendo la mayor inteligencia emocional.